A ver… al final no va a pasar nada….

ASAMBLEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

La SGAE afronta esta semana una de sus asambleas anuales más difíciles desde hace años. Además de la sucesión de polémicas que la sociedad de gestión suele protagonizar, en la mente de los socios también están presentes la elevada inversión en la red internacional de teatros ARTeria y el reciente despido de más de una veintena de empleados, tras un año en el que sus ingresos han caído un 5,1 por ciento. Ahora más que nunca la entidad necesita el apoyo de sus miembros para aprobar las cuentas de 2009, por lo que no ha dudado en desplegar una campaña para que mañana, cuando se celebre la asamblea, la dirección no se encuentre con sorpresas. La escasa asistencia de los miembros de la sociedad de gestión a estas reuniones y el exceso de información que ofrece la entidad en un solo día –lo que imposibilita a los socios conocer con detalle los datos– son algunas de las quejas que planean sobre su organización. Uno de los puntos conflictivos es la delegación del voto a otro socio, una práctica habitual que juega en contra de que el resultado de estas asambleas refleje verdaderamente la voluntad de la mayoría. En este sentido, un miembro de la propia junta directiva va más allá y denuncia una estrategia que deja el control de los votos en manos de la dirección. Según explica, la estrategia diseñada funciona de la siguiente manera: un mensajero se presenta en el domicilio del socio con la convocatoria para la citada reunión acompañada «de una nota mediante la cual los socios que no vayan a asistir, que son muchos por imposibilidad o por pereza, puedan delegar su voto en quien la dirección de la SGAE decida, es decir, delegan en blanco, enviándola de vuelta firmada».

De esta manera, la dirección podría tener un control mayor sobre el resultado de la votación, además de gastar el dinero de la entidad, cuyos ingresos han bajado en 2009 por segundo año consecutivo, en mensajeros encargados de conseguir estas codiciadas firmas de votos en blanco. Una crítica similar aparecía hace unos meses en el blog del compositor Paco Ortega, también socio de la SGAE: «Por favor, no me llamen nunca más para mandarme un mensajero a casa para que les delegue mi voto. Soy suficientemente mayor para decidir si voy o no a las asambleas y para decidir a quién voto. No me traten de idiota porque no lo soy. El mensajero que me mandan también está pagado con mi dinero y el de otros socios como yo», reza uno de sus post.

Gestores con mayor libertad

A través de esta estrategia, el socio puede tener la sensación de que ayuda a la sociedad de gestión, pero, en realidad, aportaría a los gestores actuales mayor libertad para aprobar las cuentas sin que ni siquiera conozcan sus detalles. Asimismo, como apunta este alto cargo, «legitiman el endeudamiento causado por ARTeria y todas las operaciones financieras». Durante los últimos meses, la creación de ARTeria, una red internacional de sedes artísticas y culturales con centros de educación y producción, ha sido uno de los puntos más polémicos de la gestión de Eduardo Bautista, presidente del consejo de dirección, por la elevada inversión que representa, sobre todo cuando la SGAE despidió en enero a 22 trabajadores aludiendo «causas tecnológicas», es decir, innovaciones que hacen prescindibles a algunos empleados.  En todo caso, no parecen compatibles los despidos con el desembolso millonario que Bautista realiza en ARTeria.

No se puede obviar que, de producirse este tipo de delegación del voto, los socios se eximen de la responsabilidad del futuro funcionamiento de la SGAE en un momento en el que la acusación de falta de transparencia en la gestión está en boca de todos.


Asuntos relevantes

Además, a la pérdida de control en la votación por parte de los socios se uniría el hecho de que renuncian a hacer cualquier reclamación sobre asuntos relevantes para la sociedad de gestión, de cuyos detalles no han sido informados. Encontramos, incluso, el caso de algunos miembros críticos con el actual equipo gestor, que denuncian que la SGAE les impide asistir, y, por lo tanto, votar. Es el caso del músico José Antonio Prieto, quien explicó que la dirección le había abierto un expediente para que no pudiera estar presente en la asamblea de mañana. La causa de este «castigo» son, según asegura Prieto, «unas declaraciones que hice a LA RAZÓN en las que criticaba la pensión de Teddy Bautista». La cuantía, revelada por este diario y que asciende a más de 300.000 euros anuales, no fue recibida con agrado entre los miembros de la entidad. Con estas actuaciones, la dirección de la SGAE estaría reduciendo el riesgo de que algún díscolo se mostrara contrario a los planes que pretende aprobar mañana, aunque sin la suficiente información ni la deseable asistencia que debería caracterizar la gestión de una entidad democrática.

Cientos de millones en ARTeria
Las ilusiones de Teddy Bautista están puestas en  ARTeria, una red internacional de teatros dependiente de la Fundación Autor, vinculada a  la SGAE, tan cara como controvertida. El presidente del consejo de dirección ha invertido cientos de millones de euros en este «proyecto faraónico». Aunque algunos están en fase de proyecto, los teatros con los que va a contar  superan ya la decena y sus localizaciones incluyen Nueva York y Buenos Aires. Recientemente, Bautista recibió un fuerte varapalo por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid al ver paralizado su proyecto de reforma del Palacio del Infante Don Luis en Boadilla del Monte. Sin embargo, la adquisición del Teatro Coliseum y el Lope de Vega, en la Gran Vía de Madrid, han hecho renacer el proyecto por el que más críticas ha recibido Teddy Bautista.